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Ruta por la costa de Cádiz en Autocaravana

DE SANLÚCAR A TARIFA  EN AUTOCARAVANA

La N-340, que recorre la costa gaditana, es una de las rutas más bellas del litoral peninsular: pueblos marineros, espesos bosques de pinos que llegan hasta el mar, faros repletos de historia, dunas que parecen sacadas de  Lawrence de Arabia (la película claro) y, sobre todo, un catálogo de playas espectaculares abiertas a los vientos y a las olas, con atardeceres que deberían ser declarados Patrimonio de la Humanidad.

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Atardecer en la Caleta

Por Guillermo Gatsby

¡La costa de la Luz!  El litoral gaditano es la acuarela de unos atardeceres que deberían ser declarados Patrimonio de la Humanidad, una ruta para perderse entre calas y bosques, un muestrario de playas infinitas con arenas doradas y aguas azulísimas, un interminable domingo de carnaval, el comercio con América y el liberalismo de las Cortes de 1810, la Caleta y el recuerdo del Malecón de La Habana sin pasar por Cuba, ruinas romanas con vistas a Tánger, el Parque Natural de Doñana y la desembocadura del Guadalquivir a su paso por Sanlúcar de Barrameda. Imposible, aquí, no recordar los versos de Antonio Machado:

¡Oh Guadalquivir!

Te vi en Cazorla nacer;

hoy, en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara

debajo de un pino verde,

eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,

río de barro salobre,

¿sueñas con tu manantial?

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El Guadalquivir a la altura de Sanlúcar – Fotografía: Cádiz Turismo

Ruta costera con alguna incursión al interior, el viaje que os proponemos aquí es un viaje que sigue la N-340, que se deja bañar por un océano, el Atlántico, y un mar de dilatada historia, el Mediterráneo. Trayecto, por tanto, de continuas playas, pero que atraviesa algunos de los parajes más bellos de Andalucía. Una ruta para perderse entre mágicos atardeceres regados con un buen mojito, bosques y más bosques que parecen destinados a decorar algún pesebre, y evocadores pueblos de casas encaladas y plazoletas ajardinadas de clara herencia musulmana. La ruta comienza en Sanlúcar de Barrameda, junto a la desembocadura del río Guadalquivir, y concluye en Tarifa, el punto y final del Viejo Continente, el extremo que separa dos mundos, el preciso accidente geográfico que permite al Mediterráneo llevar con merecimiento el nombre de mar.

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Mirador del Estrecho – Fotografía: Diego García

¡OH GUADALQUIVIR!

Algunos dicen que el Guadalquivir – el Tartessos de los fenicios, el Betis de los romanos, el Guad-el-québir de los árabes – acaba donde empieza América. No en vano por sus aguas salieron barcos e ideas rumbo al Nuevo Mundo y entró la riqueza derrochada por los Austrias españoles en las guerras de Europa. Pero, metáforas aparte, el Guadalquivir se extingue en Sanlúcar de un modo más bien doméstico. Muere sin luchar, cansado ya de serpentear, de dibujar acusadas curvas y apretados meandros que enternecen el paisaje, exhausto de arrastrarse por las monótonas marismas. El mar le viene al encuentro  ensanchando su cauce, a fin de que sea grandioso y digno lugar para el abrazo de los dos potentes soberanos: el de las aguas mansas y dulces y el de las aguas saladas, añiles, agitadas por el viento atlántico.

 No, uno no puede irse de la provincia de Cádiz sin visitar Sanlúcar. Sin ver cómo el Guadalquivir da su último suspiro. Sin contemplar su fusión con la mar de Sanlúcar. Un momento eterno, sobre todo al amanecer.

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Sanlúcar al amanecer

¿QUÉ VÉR EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA?

No se puede contar. Pasear por Sanlúcar, desde Bajo Guía al Barrio Alto, es un placer minucioso. Hay patios de elegantísima factura, casonas de mucho empaque, iglesias magníficas, calles y bodegas deliciosas.

Para la historia quedan algunos momentos memorables. Hay que recordar que de aquí zarpó Colón en su tercer viaje y partieron Magallanes y Elcano para surcar mares quiméricos.  Y también hay que recordar que en el siglo XIX Sanlúcar contó con el apoyo y la predilección del duque de Montpensier, un legendario, oscuro y apasionante príncipe francés que adoptó nuestra tierra como propia. De hecho, entre el viejo palacio de los duques de Medina Sidonia y el de los infantes de Orleans cabe una buena parte de la historia de España de los últimos siete u ocho siglos.

Palacio infantes de orleans sanlucar de barrameda
Palacio infantes de Orleans

Además de esos dos palacios, sin duda los edificios más característicos de la ciudad, merecen una visita:

Castillo de Santiago: construido entre 1477 y 1478. Para apreciar desde lo alto Sanlúcar, Doñana y la desembocadura del Guadalquivir puede acudirse a la torre del homenaje. Cuenta la leyenda que la reina Isabel la Católica vio por primera vez el mar desde allí.

Castillo de Santiago sanlucar de barrameda
Castillo de Santiago

Iglesia de Nuestra Señora de la O. Se encuentra en la plaza del Conde de Niebla, y es el templo más antiguo de Sanlúcar. Su aliciente principal es el bello artesonado de estilo mudéjar.

Iglesia de Santo Domingo. En su interior encontramos el panteón de la casa ducal de Medina Sidonia.

A un paso de la playa de Bajo Guía, la calle del mismo nombre acoge buena parte de la oferta gastronómica de Sanlúcar. Por supuesto, uno no puede marcharse de aquí sin degustar sus célebres langostinos.

el mejor langostino del mundo sanlucar de barrameda casa bigote
Langostinos de Casa Bigote

Y claro, la playa. La de Bajo Guía tiene en común con la de Bonanza el bello horizonte: las marismas de Doñana, territorio edénico al que lamen las grandes mareas y donde el arqueólogo alemán Schulten soñó con encontrar los vestigios fastuosos de Tartessos, aquella monarquía del mundo antiguo envuelta en el misterio.

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Playa de Bajo Guía – Fotografía: Miguel Lomas Peña

 DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA A ROTA

A unos 11 kilómetros de Sanlúcar está Chipiona, cuya fundación se remonta a la época romana. Y un poco más allá, Rota, que ha sabido conservar su estampa marinera de toda la vida. De la primera hay que ver el Faro, que presume de ser el más alto de España. De Rota, el barrio de pescadores, las murallas medievales y el castillo de Luna, del siglo XIV.

Chipiona atardecer cadiz andalucia
Atardecer en Chipiona

RUTA DE LOS PUERTOS

27 kilómetros separan Rota del Puerto de Santa María, la ciudad del poeta Rafael Alberti y uno de los rincones más celebrados de Cádiz por su gastronomía y ambiente nocturno. Más allá, Puerto Real y San Fernando completan la ruta de los puertos.

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Puerto Sherry en Puerto de Santa María

LA TACITA DE PLATA. ¿QUÉ VER EN CÁDIZ?

Y llegamos a Cádiz. Desdeel mar, parece una ciudad de perfil bizantino, una ciudad repleta de cúpulas y torres, con un cielo superpoblado de gaviotas. No es Florencia, pero en ella se podría sufrir algo parecido al mal de Stendhal. Portal atlántico, confín del mundo conocido, base del no más allá de las Columnas de Hércules, Cádiz fue también puente hacia América, encrucijada de rutas y comercios. Y todo eso, claro, se nota.

  A los atardeceres de La Caleta hay que sumar las soberbias panorámicas que se contemplan desde la Torre de Tavira y desde el catamarán que comunica la ciudad con el Puerto de Santa María. Después de esas tres visiones gloriosas, lo mejor es perderse sin rumbo determinado y entrar donde buenamente se pueda. En la Plaza de Abastos,  con un mercado de pescados verdaderamente fastuoso; en alguna de las tabernas que menudean por el Pópulo; en el antiguo convento de los Capuchinos para ver los cuadros de Murillo; en alguna de las mansiones dieciochescas del barrio de San Carlos

Torre Tavira Cadiz andalucia
Torre Tavira – Fotografía: Jesús Marín

  A la vez recóndita y extrovertida, anclada en el punto donde se cruzan los rumbos de tres continente, Cádiz, como aconseja Caballero Bonald, es una ciudad que hay que agotar con emocionada paciencia. Calle a calle, la vieja ciudad fundada por los fenicios nos va desvelando su historia y su protagonismo colonial: las murallas de Puerta Tierra; los castillos de Santa Catalina y de San Sebastián; la imponente catedral, con su imborrable cúpula dorada rayando el cielo; las innumerables torres vigías; el Monumento a las Cortes de 1812; el parque Genovés y la Alameda Apodaca; el olor  a ultramar que aún parece aferrarse a las esquinas de Santa María  y del Pópulo; los cañones que no dejaron pasar a las tropas de Napoleón…

Sí, uno podría escribir de Cádiz horas y horas. Pero ya es hora de terminar, y seguir carretera adelante.  

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Alameda Apodaca

PLAYA DEL PALMAR, VEJER DE LA FRONTERA

¿Quién no conoce o no ha oído hablar de la playa del Palmar?  Cierto que ya no es el paraíso hippie de hace treinta años. Pero El Palmar sigue siendo una espectacular playa salvaje de más de tres kilómetros de extensión. Y claro, si te gusta el surf… Derechas, izquierdas, buenas cuñas y tubos de los que no se olvidan. ¿Se puede pedir más?

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Playa del Palmar
Cómo llegar a la playa del Palmar

La playa de El Palmar está a un salto de Conil de la Frontera (unos 3 kilómetros y medio al sur ) y a tan solo 16 kilómetros de Vejer.

Ver atardecer en la playa del Palmar

Faltan los adjetivos para describir la playa de El Palmar. Se trata, sin duda, de una de lugares más cool de la costa española. Chalets blancos, pequeñas edificaciones de madera con bares, restaurantes y escuelas de surf, vacas pastando impasibles en la dehesa, más de tres kilómetros de arena fina y blanca.  Célebre y concurrida en verano, uno no puede irse de aquí sin ver la puesta de sol.  El tiempo se detiene unos segundos. Y luego se escuchan aplausos.

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Atardecer en la playa del Palmar – Fotografía: Lucas Diaz

VEJER DE LA FRONTERA

Es uno de los pueblos más impresionantes de Cádiz, un prodigio de delicadeza arquitectónica y de armonía urbanística: un perfecto maridaje entre Grecia y Marruecos. Situado en lo alto de un cerro que domina la comarca de La Janda, los 16 kilómetros que lo separan de la playa de El Palmar han salvado Vejer de las garras del boom turístico. Y eso se nota.

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Vejer de la Frontera

Calles estrechas y empinadas, arcos de cal y viejas iglesias mudéjares, fachadas neoclásicas y casonas con patios hondos y frescos, cuidados hasta el último detalles. Sí, la vida en Vejer fluye con tranquilidad. En las fachadas de sus casas encaladas, el blanco parece azul y el sol se refleja como en ningún otro lugar del mundo. Como escribe Caballero Bonald, las calles de Vejer, adosadas a las irregularidades del monte y tendidas hacia la cumbre que ocupa la iglesia de El Salvador, definen la saturación de todas las blancuras.

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Calle de Vejer de la Frontera

Muy cerca de Vejer de la Frontera se encuentran El Faro y el Cabo Trafalgar. Un lugar para la historia. Allí aún podemos imaginar el estruendo de la histórica batalla en que perdió la vida el almirante Nelson, librada a pocas millas de la costa. Desde el Faro se disfruta una de las mejores panorámicas de esta parte de la costa.

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Faro de Trafalgar

ALCALÁ DE LOS GAZULES

Pero antes de bajar otra vez al nivel del mar vale la pena visitar Alcalá de los Gazules: otra colina de casas blancas con toques de color mostaza que compite en belleza con Vejer de la Frontera. El pueblo es la puerta occidental al Parque Natural de los Alcornocales y cuenta con un centro de información para descubrir esta reserva de bosques y más bosques, perfecta para hacer senderismo.

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Alcalá de los Gazuzles

BARBATE

A la salida de Vejer, la ruta continúa por la C-343 hasta Barbate, según algunos historiadores la Baesipso romana. No hace falta decir que éste es uno de los mejores sitios  para probar un buen atún. Tampoco que nos encontremos en uno de los rincones más bellos de Cádiz: el Parque Natural de la Breña y Marismas de Barbate. Se trata  de un lugar donde se funden el mar y el bosque, senderos para excursionistas y playas de espíritu hippie y aguas transparentes como Caños de Meca y Zahara de los Atunes.

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Barbate

PLAYA DE BOLONIA

Se encuentra a tan sólo 15 kilómetros de Tarifa, y se llega fácilmente a través de una desviación que nace, bien señalizada, de la N-340. La playa es una de las más bellas de España y cuenta, además, con la sorpresa de las ruinas de la antigua Baelo Claudia.

Es un lugar evocador, hermosísimo. Situada casi al borde mismo del mar, la vieja ciudad romana conserva los retos del foro, la basílica, el mercado y el teatro. Sombras de la importancia comercial y el poderío económico que llegó a alcanzar esta urbe a mediados del siglo I. 

Sí, la playa de Bolonia es un lugar único en Europa. Tomarse un mojito y ver el ocaso en La Cabaña después de visitar el yacimiento romano o de una buena sesión de surf son palabras mayores.

Y por si esto fuera poco, por el bosque que asoma a la playa de Bolonia pasa una de las rutas más bellas del Parque Natural del Estrecho:  una ruta para amantes del senderismo  que llega a la playa del Cañuelo y al escénico faro de Camarinal. 

TARIFA

Fenicia y luego romana, musulmana y cristiana, Tarifa se desenvuelve en placitas, palmeras, araucarias y calles blancas. Su antiguo castillo es monumento nacional y se conservan en relativo buen estado gran parte de sus murallas y algunas de sus puertas. Sus playas y arenales son un canto a Epicuro

Sí, Tarifa está llena de historia y de vida. Las montañas crecen a sus espaldas, empujándola hacia el mar que ella misma estrecha, y kilómetros de playas bordean su antiguo y animado laberinto de calles y casas, mirando ya a un océano que se resiste en vientos y olas a dejarse encajonar entre África y Europa.

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Tarifa

Sobra decir que las vistas desde la parte más alta de la fortaleza medieval son soberbias.  Vale la pena la visita. Pero, sin duda, lo mejor que uno puede hacer en Tarifa es perderse a la deriva y sin prisas por sus calles y plazas.

Hay pocos lugares más perfectos para desconectar del mundanal ruido que Tarifa. Y pocas playas con arena más blanca, más viento y más velas y cometas volando sobre las aguas azulísimas como las que aquí encontramos.  La oferta es amplia, y uno puede elegir entre Los Lances, Valdevaqueros o Punta Paloma, las preferidas por los aficionados al windsurf y al kitesurf.

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Playa de Punta Paloma – Fotografía: Manuel López

Y claro, luego están los atardeceres. Sé que es un tópico, pero a veces hay que dejarse llevar por los tópicos. Las puestas de sol en Tarifa, como en Cádiz en general, deberían ser declarados Patrimonio de la Humanidad. Cualquiera de los chiringuitos que salpican el paseo marítimo que une Playa Chica con los Los Lances es un buen lugar para esperar, con una cerveza o un mojito, ese momento mágico en que el rojo rivaliza con el azul, el turquesa y el amarillo en el horizonte: El Waikiki, el Mandala, el Demente…

COMER EN LA COSTA DE LA LUZ

Aquí los reyes de la mesa son los frutos del mar, presentes tanto en  los restaurantes más refinados como en la tasca más mundana. Indispensable, por supuesto, el pescaíto frito. Entre los productos del mar, hay que probar el cazón en adobo, las acedías, el lenguado, el atún o los calamares. Y entre los mariscos, el langostino (sobre todo en Sanlúcar) las ciégalas, las bocas o los camarones, hervidos o en una originales tortillitas.

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Cazón en adobo

DONDE COMER EN LA COSTA DE CÁDIZ

Avante Claro, en Sanlúcar de Barrameda. Frente a la playa y Doñana. Ideal para degustar un plato de langostinos y un buen arroz marinero.

El Faro de Cádiz, en Cádiz. Toda una institución. El Faro ilumina la bahía de Cádiz con una cocina sincera, marinera y andaluza. 

Hostal Reyes, en El Palmar. A pie de playa. Las croquetas de atún y corvina no se olvidan. Es aconsejable reservar.

El Jardín del Califa, en Vejer de la Frontera. Buena cocina árabe en plena Plaza de España, principal punto de encuentro del pueblo.

El Campero, en Barbate. Es un clásico, una institución, una apuesta segura para tapear o comer de raciones.

La Taberna de El Campero, en Zahara de los Atunes. Es una preciosa y sencilla taberna marinera. Buenas tapas y raciones. Al igual que El Campero, el rey es el atún de almadraba.

La Breña, en Caños de Meca. Interesante restaurante donde disfrutar platos e la zona con toques de autor.

An Ca Curro, en Tarifa. Un templo de las tapas. Está en una callecita, cerca de la Puerta de Jerez, en pleno casco antiguo. Las estrellas aquí son el jamón, los chicharrones, el lomo en manteca, las alcachofas… Como bromea su dueño, “aunque estemos en Tarifa, el pescado de aquí es de monte”.

Bibo Beach House: en la playa de Valdevaqueros. Se trata de la apuesta viajera de Dani García.