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Rías Altas en Autocaravana

rias altas galicia

10 LUGARES IMPRESCINDIBLES EN LAS RIAS ALTAS

Las Rías Altas constituyen otro clásico de los viajes a Galicia.  Playas de arena fina, caprichosos acantilados, verdes praderas que van a morir casi a la misma orilla del mar, casas de indianos, ecos del primitivo Camino de Santiago… Y la oportunidad de visitar algunos de los pueblos y puertos más deliciosos de España, en cuyas tabernas el pulpo se convierte en un verdadero manjar. Sin duda, una ruta perfecta para los amantes de desplazarse sin reloj y con la casa a cuestas. 

POR GUILLERMO GATSBY

El turismo ya se ha fijado en esta parte del litoral gallego, pero sin la agresividad con que ha ocupado otros lugares de España. Y es que las Rías Altas de Galicia aún ofrecen la posibilidad de contemplar paisajes de hermosura inconfundible, en los que la especulación inmobiliaria apenas si se deja sentir. Paisajes… y también pueblos, villas de agradable sabor marinero, afortunadas en lo que respecta a la conservación de su arquitectura popular. Calles estrechas, casas blancas, galerías con la mirada puesta en el mar… 

Sí, estas rías, esto largos brazos de mar que se adentran en la tierra como fiordos, son el punto de encuentro de la doble naturaleza de ese “país” mágico que llamamos Galicia, un lugar donde historia y leyenda forman las dos caras de una misma moneda, un territorio enamorado de su pasado que vive ávidamente su presente, melancólico y a la vez cruzado por súbitas y rabelesianas alegrías. 

Rías Altas

La ruta en autocaravana que os proponemos comienza en La Coruña, en la Torre de Hércules, faro de estirpe real ya citado por Ptolomeo,  y termina en Ribadeo, tocando ya el Principado de Asturias. Por el camino, Ferrol, uno de los finisterres de Galicia, con su arsenal y sus fortificaciones del siglo XVIII; un sinfín de vueltas y revueltas por carreteras no siempre en buen estado; y un hermosísimo rosario de pueblos, casi siempre al borde del mar.

LA MEJOR ÉPOCA DEL AÑO PARA VIAJAR A LAS RIAS ALTAS

El verano es la mejor época para visitar las Rías Altas y disfrutar de sus playas. Y si viajas con niños, el primer fin de semana de julio, cuando se celebra el Feiron Medieval dos Andrade en Pontedeume:  puestos de comida, blasones por todas partes, tiro con arco…

QUÉ VER EN RIAS ALTAS

LA CORUÑA, A LA SOMBRA DE LA TORRE DE HÉRCULES

De La Coruña se ha dicho que parece una sirena dormida que puede despertarse en cualquier momento y zambullirse en los jardines submarinos que, en un pasado remoto, tuvieron que servirle de morada.

Ciudad llena de historia y de historias, La Coruña es el lugar ideal para iniciar nuestro viaje. Allí está la Torre de Hércules, uno de los faros más antiguos del mundo y el primer hito coruñés. De remotos orígenes, su factura exterior corresponde hoy a la época de Carlos III, pero en sus entrañas aún pueden apreciarse piedras de época romana. En cualquier caso, su estampa resulta tan inconfundible como la torre de Pisa.

Torre de Hércules

Qué ver en La Coruña

Toda visita a La Coruña debe comenzar por su icónica torre. El paisaje que se contempla desde allí llena la mirada y los pulmones. Álvaro Cunqueiro, haciendo gala de su entrañable inclinación a mezclar sueño y realidad,  aseguraba que, en las claras mañanas, se puede ver en la lejanía una verde esmeralda posada en las olas:

“Es Irlanda, la verde Erin. Debe el viajero   intentar la suerte cuando el Sur pone espejos en el aire. En el milagro de la luz coruñesa todo es posible” .

La Coruña fue una de las escalas del Camino inglés, y  también uno de los enclaves más codiciados por los ingleses, hoy recordados bien como piratas, bien como aliados.  Y es que si Drake atacó la ciudad en 1589, más de doscientos años después, en plena guerra contra Napoleón, un cuerpo expedicionario a las órdenes de sir John Moore llegó aquí para apoyar el levantamiento popular contra la ocupación francesa iniciado en Madrid el dos de mayo de 1808. Ambas empresas fracasaron. Drake tropezó con una mujer, María Pita, que animó a los hombres a rechazar la ofensiva del célebre corsario. Y los mariscales Soult y Ney aniquilaron los sueños de gloria de sir John Moore, muerto mientras cubría el reembarque de sus tropas y enterrado en uno de los lugares más bellos de La Coruña: los jardines de San Carlos, un parque inolvidable, visitado por el viento y habitado por la melancolía, con una vista espléndida de la bahía y con el recuerdo de los versos de Rosalía de Castro…

No está solo su sepulcro: un pueblo

con su respeto compasivo vela

al extranjero a quien traidora muerte

hizo caer lejano de los suyos

y en ajeno pedir su último asilo…

Jardines de San Carlos

Evocaciones históricas aparte, La Coruña es una ciudad muy agradable, con una acogedora y diminuta playa al pie de la torre de Hercules, As Lapas, y otra urbana y majestuosa, Riazor. Vale la pena pisar ambas.

Después, la visita deberá incluir  la calle Real y la calle de San Andrés, las plazas de María Pita y de Azcárraga, el palacio de la condesa Pardo Bazán, hoy sede de la Real Academia Gallega, la Colegiata de Santa María del Campo y la iglesia de Santiago, ambas románicas con elementos góticos, la Puerta de San Miguel…

Y para terminar, dos paseos.  El primero por la Avenida de la Marina, donde se concentra el mayo conjunto urbano acristalado que se conoce. Todo, aquí, es como un faro encendido a plena luz del día, y uno ya no puede sino  dar la razón a Cunqueiro, que escribe:

“La Coruña está construida con luz, además de estarlo con piedra y cristal. El viajero tiene que habituarse a esta claridad celeste, a este espejo de mil cambiantes reflejos”.

Atardecer en la Avenida de la Marina

El otro paseo se inicia en el puerto y finaliza en el Monte de San Pedro. Es el Paseo Marítimo, que pasa por el castillo de San Antón. Como escribe César Antonio Molina, “diez extraordinarios kilómetros bordeando acantilados, playas y la misma ciudad abierta a la serenidad de la ría y a la fuerza del océano Atlántico”. 

BETANZOS

A 24 kilómetros de La Coruña, anclada a orillas del Mandeo y de su afluente el Mendo, rodeada de montes y prados, queda Betanzos, otro de los platos fuertes de esta ruta por las Rías Altas. Séptima capital del antiguo reino, su historia sigue fielmente la de Galicia entera, y aún parece resonar en su hermoso conjunto urbano, lleno de evocaciones. Fue primero castro celta y después la Brigantium Flavium de los romanos. Alfonso IX fundó la población medieval y los señores de la familia Andrade fueron sus amos durante siglos. El resultado está ante los ojos: una villa encantadora, que conserva tres de las cinco puertas que formaban parte de sus murallas y reúne desde los viejos barrios marineros y asombrosas iglesias medievales, hasta el dieciochesco edificio de la Plaza Galicia, concedido como Archivo General.

Calle del Bario de los Pescadores

Qué ver en Betanzos

Cunqueiro aconsejaba pasar, al menos, un día en Betanzos. Estoy de acuerdo. Hay que agotar la villa entera, sin prisas. Hay que caminar por sus calles estrechas y en pendiente.  Y visitar sus calladas iglesias.

Mi consejo es subir, primero, hasta la iglesia de Santiago, en la deliciosa plaza donde se encuentra también el Ayuntamiento. Fue construida gracias al gremio de los sastres y es una bella iglesia de transición, con un hermoso pórtico ojival y evocadores capitales labrados en su interior. 

Después, ya hacia a abajo, en dirección al puerto y a los muelles, hay que ver la iglesia de Santa María del Azogue, obra del gremio de los mareantes. Se trata de uno de los templos más bellos de Galicia, también de transición entre el románico y el gótico.

Iglesia de Santa María del Azogue – Fotografía: Fanny Pérez

Muy cerca se encuentra la iglesia de San Francisco, de una sola nave, gótica. Vale la pena entrar y contemplar los sepulcros de la flor y nata de la nobleza de esta tierra. Allí está la tumba del otrora poderoso Fernán Pérez de Andrade. Es, según Cunqueiro, un enterramiento de emperador. Y, realmente, impresiona. Las dos bestias totémicas de aquella familia, el oso y el jabalí, soportan sobre sus lomos el cuerpo del gran caballero medieval. 

Y a partir de San Francisco, lo mejor es dejarse llevar en dirección al Mendo y al Mandeo, soñando con un mar aún lejano. Casas con miradores acristalados, balcones de madera…

Tumba de Fernán de Andrade en la iglesia de San Francisco

Y claro, uno no puede irse de Betanzos sin probar su gran delicia gastronómica: la excelente y famosa tortilla de patatas. Y es que Betanzos es a la tortilla lo que Cambados al albariño: un  lugar de referencia.   

PONTEDEUME

Otro evocador pueblo al borde de una ría. Solar también de los Andrade. Su nombre, sin embargo, recuerda el antiguo puente que atravesaba el río Eume. Lo mandó construir Fernán Pérez de Andrade – con 72 arcos y casi 800 metros de longitud – y fue sometido a una profunda reforma en el siglo XIX. Con todo, aún resulta muy evocador. Sobre todo, al atardecer, con la pleamar, como en el poema de Luis Pimentel:

Una pequeña lancha,

blanca como un pie desnudo,

camina hacia el mar abierto.

La hora, la tarde, el cielo

suavemente la empujan.

Ella no sabe que es

un acontecimiento.

Pues todo, todo,

parece estar pendiente de su huida:

este oro en reposo,

este sueño de la tarde

la contemplan dichosos…

Puente de Piedra de Pontedeume – Fotografía: Horacio Verna

Qué ver en Pontedeume

Sí, aquí, el río Eume va cantando su canción hacia el mar. Y es una canción con ecos medievales, como Pontedeume en general. Y es que pasear por las calles de esta vieja villa marinera es volver muy atrás en el tiempo. Torres y casas blasonadas surgen a la vuelta de cada esquina, sorprendiéndote  una y otra vez.

Hay que dar con el torreón de los Andrade y hacer un alto en la iglesia de Santiago, levantada por don Fernando de Andrade, compañero del Gran Capitán en las guerras de Italia.  Y hay que visitar la iglesia de San Miguel, en lo alto del monte Breamo. Levantada en el siglo XII, es la joya románica de esta ruta.

Iglesia San Miguel de Breamo

Monumentos aparte, Pontedeume tien una de las playas más hermosas de Galicia, un amplio arenal que convierte esta villa en un escogido lugar del veraneo coruñés. Se trata de la playa de Las Cabañas. La conjunción de verde y mar no puede se más perfecta. A la espalda de la playa se extienden, como desprendidos de una postal, los pinos. 

Hay que acercarse a esta playa y después de un buen baño comer a la gallega en alguna de las tabernas de la ría: un pulpo humeante, una sardina abierta, curtida al sol y pasada por la plancha, o esa evolución sublime de la empanada gallega que obedece al nombre de costrada.

Atardecer en la playa de las Cabañas – Fotografía: Amparo Fraga

A tan sólo ocho kilómetros de Pontedeume, escondido en un bosque de película y sobre una profunda hoz del río Eume, queda el monasterio de Caaveiro, viejo cenobio del siglo X felizmente restaurado. Hay un servicio de autobús cada hora y la última parte del camino es a pie. Pero monasterio y vistas merecen el esfuerzo. “Romántico paisaje”, dice Cunqueiro, “Caaveiro despierta en el viajero una extraña emoción”. Es verdad.

Monasterio de Caaveiro

No lejos de Pontedeume se encuentra también otro monasterio que bien vale una visita: Santa María de Monfero, a menos de 20 kilómetros por la LC-152. Su origen se remonta al siglo XII, pero el conjunto que hoy puede contemplarse, parte en ruinas, corresponde a los siglos XVI y XVII. Destaca la fachada de la iglesia, decorada con un ajedrezado a base de placas de pizarra y cuarzo. Y ya dentro, el solemne sepulcro de Nuño Freire de Andrade, en estilo gótico.

Fachada del Monasterio de Santa María de Monfero

EL FERROL

El Ferrol – a 15 kilómetros de Pontedume – es pura paradoja, es ría e Ilustración; la cuna del general Franco, de Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Español, y del realismos mágico, que nace con Gonzalo Torrente Ballester y  La saga/fuga de J.B., donde el novelista ferrolano recrea los mitos marítimos como embarcaderos de la imaginación. Una ciudad, en fin, que, a pesar de su actividad industrial y portuaria, ha conservado,  en la parte antigua, los viejos ecos marinos. Y que cuenta, claro, con el encanto de su ría, la más hermosa de las Rías Altas.

Dos momentos marcan la historia de El Ferrol. El primero cuando Alfonso VII convirtió el viejo pueblo de pescadores y marineros en villa. El segundo, ya en el siglo XVIII, cuando Felipe V mandó construir el arsenal y los astilleros. La ría de Ferrol asistió entonces a un desarrollo ejemplar.

Castillo de San Felipe con la ría de fondo

Qué ver en Ferrol

Lo primero que hay que ver y explorar es el barrio de la Magdalena, testimonio de la reforma urbanística llevada a cabo en el siglo XVIII. Cuadriculado como una gran tableta de chocolate, este céntrico barrio es hijo de la serenidad del Siglo de la Luces y del bello sarampión modernista que se apoderó de la ciudad a comienzos del siglo XX.

Tras un tranquilo paseo por el extraordinario muestrario urbanístico de la Magdalena, hay que visitar el Arsenal, pulcra obra militar de la Ilustración, y el castillo de San Felipe, hito del imponente dispositivo defensivo que, en el pasado, protegió la ciudad de los ataques enemigos. Sin olvidar, claro, una ronda por el Barrio Viejo y una excursión, cruzando la ría en barco o por el puente de As Pías, a Mugardos, desde donde uno puede acercarse a la fortaleza de La Palma, otro gran pilar de la defensa costera de El Ferrol.  

Fachada modernista del barrio de la Magdalena de Ferrol

La ría de El Ferrol esconde un sinfín de calas y playitas, pero, sin duda, lo mejor nos aguarda en la costa salvaje, abierta al Atlántico, que encontramos a unos diez kilómetros de la ciudad, con playas tan espectaculares como Doniños: más de dos kilómetros de  blanca arena y olas que hacen las delicias de los surfistas.  

Playa Doniños – Fotografía: Alfonso Manso

PLAYAS DE FROUXEIRA Y PANTÍN

Siguiendo la costa hacia el este, a unos doce kilómetros de Ferrol, se encuentra Valdoviño. Y muy cerca de Valdoviño, otra playa inmensa, una de las más grandes de Galicia, A Frouxeira. Y al final de la senda que arranca del mismo arenal, custodiando horizontes, el mirador y el singular faro de Punta Frouxeira.

Pero hay más: Pantín, la Meca del surf en Galicia y un castro que nos traslada a tiempos pre-rromanos.

Playa de Pantín – Fotografía: José Luis Sánchez

CEDEIRA

La ría de Cedeira es la más pequeña de las Rías Altas. Durante la Edad Media Cedeira, asentada en la desembocadura del Condomiñas, estuvo bien fortificada, pero puertas y murallas han desaparecido. Queda, eso sí, un castillo del siglo XVIII y una iglesia con dos bellas capillas de estilo gótico. Graciosa villa marinera en cuyo paisaje se combinan monte, valle y mar, célebre por sus percebes, Cedeira conserva también todo su viejo encanto azul de calles estrechas y galerías acristaladas.

No lejos de Cedeira, en la sierra de A Capelada, otra parada: el santuario de San Andrés de Teixido, lugar de peregrinación al que, según un célebre dicho gallego, “irá de muerto, quien no fue vivo”. La iglesia, de estilo gótico y con un exótico aire canario – cal y piedra oscura -,   es una construcción más bien humilde, pero el paisaje que la rodea es otro cantar. No se puede describir, hay que verlo, hay que estar allí y degustarlo con calma. Helechos, caballos salvajes, vacas mansas, acantilados que cortan la respiración  y el océano encrespado.

Santuario de San Andrés de Teixido – Fotografía: David Pla

CABO ORTEGAL

Seis kilómetros después de San Andrés de Teixido, en dirección a Cariño, llegamos al asombroso mirador de la Vixía de Herbeira. Y tres más adelante al desvío que lleva al cabo Ortegal. Se trata del cabo más afilado de España, con el espacio justo para la carretera y el faro, un lugar en diálogo dramático con las  olas dilatadas e indomables del océano, embellecido por la perspectiva escalonada  de esos tres islotes que responden al nombre de Os Aguillóns. Imposible no recordar nuevamente a Cunqueiro, cuyas palabras resuenan aquí como resuena el mar, roncas, evocadoras de viajes y misterios:

“¿Termina aquí, en Cabo Ortegal, la tierra? ¿Qué hay más allá para los ojos y el corazón del hombre? La única respuesta es el largo, monótono, triste canto del mar, que comienza allí donde la negra pizarra, fría como la armadura del último rey, se despeñó.”

Faro y cabo de Ortegal – Fotografía: Guillermo Aguilar

SANTA MARÍA DE ORTIGUEIRA

Desde Cedeira se llega enseguida a Santa Marta de Ortigueira, alegre y simpática villa que invita al paseo. Primero por el barrio de O Pondo, con sus numerosas casas con galerías acristaladas. Y después por su puerto, salpicado de numerosos jardines. No menos interés despiertan las casas de indianos que se alzan en sus alrededores, recuerdo  de los lugareños que hicieron las Américas en el siglo XIX.

Casas de Cedeira

Después hay que seguir por la C-642 hasta Loiba. Y allí, como dicen las guías, el mejor banco del mundo, frente a los cantiles espumeantes, con una panorámica inigualable que abarca desde el Cabo Ortegal al Cabo de Estaca de Bares.

Banco de Loiba – Fotografía: Fernando García

O BARQUEIRO

Si las atlánticas son escarpadas y abiertas a blancos arenales impolutos, las cantábricas son de paisaje más suave. La ría de O Barqueiro, por ejemplo, es pequeña y profunda, y gana en belleza gracias a su encantador pueblo blanco, bien asentado en la desembocadura del río Sor. Llegar a O Barqueiro con las primeras luces del día es una de las impresiones estéticas de más honda emoción, de cuantas se pueden sentir a lo largo del viaje por las costas gallegas.

O Barqueiro

ESTACA DE BARES

La ría de Ortigueira se cierra al Oeste con el cabo Ortegal y al Este con Estaca de Bares, la punta más septentrional de la península ibérica. A Estaca de Bares podemos llegar siguiendo la carretera comarcal que pasa por O Barqueiro. Vale la pena, ya que se trata de un lugar de extrema belleza, un cabo donde se abrazan el Atlántico y el Cantábrico. El faro fue construido en 1849 a instancias de Gran Bretaña y lanza su soberbio haz de luz  a cincuenta kilómetros de distancia.

Y después de admirar la panorámica, nada mejor que pasar por Porto de Bares, un lugar de cuento donde reponer fuerzas con un exquisito arroz con bogavante frente a la playa.

O Porto de Bares – Fotografía: Joan Requena

FUCIÑO DO PORCO

Y llegamos al plato estrella del senderismo de la Mariña Lucense y una de las rutas a pie más espectaculares de las Rías Altas: la punta de Fuciño do Porco y sus pasarelas colgadas sobre acantilados. Las escaleras suben y bajan acomodándose a los acantilados y reglando vistas que abarcan desde Estaca de Bares a la ría de Viveiro. Palabras mayores.

Pasarelas de Fuciño do Porco

VIVEIRO

Escribe Álvaro Cunqueiro: “Hay algo en Viveiro que pertenece a la poesía: el eco de una lira perdida en el arenal y que una caracola marina conservará por siglos, o una brisa fugitiva y nostálgica, corriendo, como el Landro, al mar. Algo que son versos de Pastor Díaz, como fantasmas, vagantes por la villas”. 

Romántica y románica, es decir, medieval, así es Viveiro, la villa más pintoresca y evocadora de la Mariña Lucense, encajada en la ría entre la punta Roncadoira y la punta de Estaca de Bares. Sus  puertas monumentales dan la bienvenida con empaque y elegancia la viajero. Fueron seis en otros tiempos, pero ya sólo quedan tres: la Porta de Carlos V o Castelo da Ponte, plateresca, frente al puente de la Misericordia, construido en el siglo XIV sobre las ruinas de otro romano; la Porta do Valado, del siglo XII, por la que se entraba a la ciudad desde la antigua calzada romana;  la Porta Da Vila, sencillo arco de medio punto con bóveda de cañón que servía de entrada a quien llegaba por el viejo Camino Real.

Por la porta de la Vila se accede a la calle que lleva a la plaza Mayor, una de las plazas más bellas de toda Galicia, con edificios antiguos de blancas galerías acristaladas y una señera casa consistorial adornada con un reloj. Hay que dar con ella y después pasear a la deriva por las calles estrechas y empedradas del barrio medieval. Y si apetece, visitar alguna de sus iglesias.

Puente de la Misericordia – Fotografía: Santiago Borrazás

Por el puente de la Misericordia se cruza el río hasta Covas, playa inmensa y hermosísima. Otero Pedrayo decía de ella que en los días de tormenta, con las grandes rocas que la decoran, es el escenario ideal para una representación de la muerte de Tristán e Isolda. No lo dudo, pero en verano es luminosa y está repleta de bañistas.  

Playa de Covas – Fotografía: Pau Pastor

FOZ

Vienen después Foz, villa marinera y veraniega, con otras espléndida playa de fina arena, calles en cuesta y la alegre torre de la iglesia de Santiago  como un ala de piedra en lo alto. Y a cinco kilómetros, el castro de Fazouro: un castro marítimo, con acantilados y una larga suite de  playas blancas a la mano.

Foz

PLAYA DE LAS CATEDRALES

A medio camino entre Foz y Ribadeo  encontramos uno de los parajes más celebres y espectaculares de Galicia: la playa de As Catedrais o playa de Las Catedrales. Pilares, arcos y arbotantes, bóvedas sorprendentes… Podía ser la obra de un arquitecto medieval, pero es la particular oración de piedra esculpida por el viento y el mar. Un consejo, es conveniente saber cuando  hay marea baja, momento en que se puede contemplar la fabulosa arquitectura natural que atesora esta playa única.

Playa de las Catedrales – Fotografía: Rebeca Millan

RIBADEO

Y para terminar, un paseo por el delicioso puerto de Rinlo, a tres kilómetros de As Catedrais, y un día en Ribadeo, pueblito marinero y veraniego, muy bien cuidado, con calles pinas y antiguas y un muestrario extraordinario de casas de indianos.

Porto de Rinlo – Fotografía: Alfonso Koppen

DONDE DORMIR CON AUTOCARAVANA EN LAS RÍAS ALTAS

  • En La Coruña puedes pernoctar en el Parque de San Pedro o en el Camping Aguiar, a 20 kilómetros, en un entorno muy tranquilo de las Rías Altas.
  • Betanzos cuenta con un área de autocaravana, a 500 metros del centro urbano, en Paseo Ramón Beade
  • Ferrol cuenta también con área de autocaravana, situada a unos 3 km. del centro urbano. En sus cercanías hay un carril bici, paseo marítimo, parque y zona de juegos infantil. La gasolinera más próxima está a unos 900 m. aproximadamente.
  • En Santa Marta de Ortigueira hay área de autocaravana, situada al lado de la piscina municipal y del cuartel de la Guardia Civil. Es gratuita. La pernocta se puede hacer en el aparcamiento próximo, con juegos y mesas para picnic. Por el paseo se llega al centro en 5 minutos caminando. 
  • En Foz hay una zona muy conocida en las cercanías del puerto. Además, hay un camping. Sin embargo, la opción ideal es Atalaia Camper Park. A 500 m. de la playa de Llas, a unos 2 km del caso urbano de Foz y a unos 16 km de la playa de Las Catedrales. Sin duda, una base perfecta para recorrer la Mariña Lucense.

DÓNDE COMER EN LAS RÍAS ALTAS

En Galicia se come bien y barato. Esta zona de las Rías Altas tiene una gastronomía personalísima. Apenas salsas y con un respeto mayúsculo a la materia prima. Es, además, muy variada, con la patata, esos sí, como acompañamiento universal. Por supuesto, estando en las Rías Altas, hay que mencionar la tortilla de patatas, que tiene en Betanzos su Meca, y también de esa evolución sublime de la empanada gallega que obedece al nombre de costrada.

Costrada

El cerdo ocupa un lugar privilegiado, y algún plato, como el lacón con grelos, forma parte del recetario clásico. En popularidad le sigue el pulpo, por lo general aliñado sólo con aceite, sal y pimentón. La fama de la ternera gallega es legendaria. Y claro, puesto que estamos en la costa, hay que hablar del pescado: lubina, rodaballo, sardinas, los menos conocidos pescados de roca, al horno, a la brasa, a la cazuela.

Mención aparte merece el marisco. Galicia es el reino del percebe, pero también del centollo, del bogavante, de la langosta o de la nécora.

Y para acompañar, los vinos de la tierra: el Albariño o el Ribeiro.