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Bizkaia en Autocarvana

museo guggenheim

DE BILBAO A LEKEITIO EN CAMPER, UN VIAJE POR LA COSTA DE VIZCAYA

La costa de Bizkaia es, quizá, el litoral más ignorado de la cornisa cantábrica. Y esto pese a contar con lugares realmente mágicos. Desde Muskiz hasta Ondarroa, las carreteras y los caminos nos llevan por  unas serie de verticalísimos acantilados que se desnucan en el mar, estrechas rías que se internan tierra adentro, una ristra de bellos pueblos marineros, bosques encantados y una vieja capital industrial, Bilbao, que ha sabido mudar de piel hasta merecer el premio a la mejor ciudad europea (2018), superando, ni más ni menos, que a Viena.

Atardecer en Sopelana (Atxabiribil)

Nuestra ruta en autocaravana por Bizkaia comienza en Bilbao y termina en Lekeitio. Ruta marítima por excelencia.  Ruta por la ría del Nervión y por la Reserva del Urdaibai. Ruta por lugares curtidos en el oficio de la pesca, que siguen deleitando al viajero con su pintoresco paisaje de barcos multicolores, y por lugares entregados a la Dolce Vita del descanso estival. Rutas también de iglesias y ermitas, que hoy en día son espacios de culto y espectaculares miradores, pero que en el pasado sirvieron de atalayas defensivas. Ruta por torres y faros que no han apartado su vista del horizonte a lo largo de los siglos. Y playas, innumerables playas de fina y dorada arena que conservan el recuerdo de los pasos de los surfistas rumbo a las olas de Mundaka, Bakio, Sopelana…  ¿Preparados? Empezamos. 

Acantilados de Punta Galea (Getxo)

BILBAO

La ciudad de ferrocarriles y fábricas que convirtió la ría en una cloaca, la ciudad triste y oscura que amó y maldijo Blas de Otero, ya no existe. Por no existir ya casi ni existe el molesto sirimiri que acentuaba su aspecto británico. Bilbao es hoy una ciudad completamente diferente, con tranquilos y agradables paseos junto a la ría; un ejemplo perfecto de cómo la modernidad estética puede integrarse en una historia de siglos.

Ría del Nervión a su paso por el Museo Guggenheim

Qué ver en Bilbao

El primer consejo: para captar todo el encanto de Bilbao hay que visitarlo tanto de día como de noche. Ambas visiones son complementarias e imprescindibles. 

Las Siete Calles

La zona más castiza de Bilbao: comercios, restaurantes, bares de pintxos… Se trata de la parte de la ciudad que menos ha cambiado, el origen de todo, el Casco Viejo: Artecalle, Somera, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle, Barrencalle Barrena y La Ronda. Siete calles estrechas, agrupadas en torno a la catedral de Santiago – claustro gótico, fachada y torre de 1885. Allí se encuentra la Plaza Nueva, llena de terrazas y bares de pintxos. Y a dos pasos, muy cerca del puente y la iglesia de San Antón, el Mercado de la Ribera, uno de los mercados europeos con más variedad de productos.

Mercado de la Ribera con la iglesia de San Antón al fondo
El Arenal

Las rías y los ríos separan, pero también unen y son un lugar perfecto para plantar puentes monumentales que pasan a formar parte de las ciudades. En el caso de la ría del Nervión son diez los puentes que la atraviesan a su paso por Bilbao. El del Arenal no es el más espectacular ni el más antiguo, pero sí  el más evocador por los edificios que concentra a su alrededor: el pastel de nata del Teatro Arriaga, de estilo ecléctico, y la evocadora Estación de Santander, de estilo modernista. 

Puente del Arenal con la Estación de Santander de fondo
Puente del Arenal y a su izquierda la Estación de Santander
El Ensanche

Dice el historiador José Carlos Mainer que no habrá otra generación que done las colecciones del Museo de Bellas Artes ni que conciba la esplendidez del Ensanche. La  Gran Vía es el eje del Ensanche, la avenida más hermosa de la ciudad: cuatro kilómetros de edificios decimonónicos que compiten entre sí por exhibir la riqueza de la burguesía industrial y financiera del primer tercio del siglo XX. Nace en la Plaza Circular y muere en el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, la escultura más alta de la ciudad si exceptuamos el Mercurio que corona el edificio del Banco Bilbao.

Gran Vía
Paseo de Abandoibarra

Es la cara del Bilbao del siglo XXI. Sobre los viejos astilleros y antiguos muelles que se extendían  a la vera del ría hay  hoy un espléndido paseo donde se alzan los grandes hitos de la renovación urbanística de la capital vizcaína: las torres Isozaki, el puente de Calatrava, el Museo Guggenheim, la torre de Iberdrola y el colosal Palacio  Euskalduna, cuya fachada posterior recuerda las cuadernas de un barco en construcción.

Palacio Euskalduna
Museo de Bellas Artes

Muy cerca del Guggenheim, en el parque Doña Casilda. Creado con sorprendentes donaciones particulares, es nuestro museo favorito, incluso por delante del universal Guggenheim. Con una extraordinaria colección de pintura española, italiana y flamenca, alberga cuadros de El Greco, Murillo, Goya, Gauguin, Gris, Bacon… y esculturas de  artistas como Oteiza y Chillida. Y para quien quiera asomarse al Bilbao que creó esta pinacoteca, los cuadros de Aurelio Arteta, con sus astilleros, fábricas, minas y obreros de mirada cansada, y también con sus pescadores y esos representantes de la gran burguesía que se retrataban en familia, como los Madariaga-Astigarraga que posan en un jardín.

Y para terminar, Archanda

Por muchas razones Bilbao es una ciudad diferente, que también pide ser disfrutada de forma distinta. Es peculiar, y merece la pena apreciarlo, el modo en que se encuentra encajonado entre montes y también cómo se deja ver desde ellos con gusto. Desde Archanda se divisa la urbe entera y toda la ría del Nervión, la matriz, el elemento fundamental de Bilbao, su gran símbolo. Símbolo espacial y también temporal, histórico, ya que su curso resume mejor que cualquier libro de historia el presente y el ayer de la ciudad.  

Bilbao desde el mirador de Artxanda

EL PUENTE COLGANTE O PUENTE DE VIZCAYA

Dice  García de Cortázar: “Hoy, casi  como ayer, la ría del Nervión continúa siendo una frontera”. A la izquierda, los antiguos núcleos obreros, los municipios que se asoman a los viejos muelles donde se cargaba y descargaba mineral y se encontraban los Altos Hornos de Vizcaya: Sestao, Barakaldo, y más allá, Portugalete, Santurce y Zierbana, lugares de tradición marinera donde se puede comer un buen pescado y marisco a la brasa. A la derecha, la margen rica, soleada y bien acomodada: Las Arenas, Neguri… Desde la primera se contempla la majestuosa vista de la segunda. Pero, sin duda, no hay mejor lugar para ver y sentir las diferencias entre esas dos mitades que la pasarela superior del Puente de Bizkaia o Puente Colgante, desde donde, además, se tiene una panorámica espléndida de la desembocadura de El Abra.

Vista aérea de la desembocadura de El Abra

Claro, que, aquí, las panorámicas quizá sean lo de menos. Porque lo verdaderamente  maravilloso es el mismo puente,  Patrimonio de la Humanidad desde 2006. Se trata de una estructura metálica de sesenta y un metros de altura y ciento sesenta de longitud que salva la ría, enlazando Portugalete con Las Arenas. Se construyó a finales del siglo XIX  para poder conectar las dos márgenes de la ría sin obstruir el paso de los barcos en su navegación fluvial y fue el primer puente trasbordador del mundo, un prodigio de la ingeniería. Su espectacular diseño, que sirvió de modelo a decenas de puentes similares, sigue asombrando hoy a todo aquel que lo contempla por primera vez. Y además, el tiempo no parece afectarle, ya que mientras todos y cada uno de sus hermanos de metal han sido reemplazados, él se mantiene en activo, impasible y vigoroso, casi tal cual estaba cuando lo cruzaron los primeros pasajeros.

Puente Colgante. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2006

GETXO, RECUERDOS DE LA DOLCE VITA

Vale comprar un ticket de ida y vuelta y cruzar a bordo del trasbordador a Portugalete, villa fundada allá por el siglo XIV, con un agradable paseo junto a la ría con vistas a Las Arenas y Neguri, y un casco viejo de calles empedradas que llevan a la hermosa iglesia de Santa María (siglos XV y XVI)  o a la sólida torre de Salazar, del siglo XIV.  

Y también vale la pena recorrer a pie  el evocador paseo  que hay entre el Puente Vizcaya y la playa de Arrigunaga, ya en la margen derecha: un paseo de paseos a la vera de la la ría y el  mar con varios puntos de interés.

Primero, Las Arenas y Neguri, con sus pequeñas playas de Las Arenas y Ereaga. Ciertos lugares – volvemos a García de Cortázar – cristalizan el tiempo en el espacio, y eso es precisamente lo que ocurre en estos dos barrios de Getxo, donde la burguesía industrial y financiera  del Bilbao de comienzos del siglo XX decidió levantar imponentes palacios en medio de extensas fincas ajardinadas, buscando reproducir las modas inglesas que predominaban en la alta sociedad de la época.

Vista de Portugalete con la iglesia al fondo
Vista de Portugalete con su iglesia al fondo

Muchas de aquellas mansiones siguen en pie. Otras ha desaparecido. De las primeras,  destaca el Palacio de Lezama-Leguizamón, todavía orgullosa sobre el pequeño promontorio de Arriluce. De las segundas, la más representativa quizá sea la del magnate Horacio Echevarrieta, el Ciudadano Kane del Bilbao de entreguerras. Echevarrieta fue, quizá, el industrial más rico de la España de Alfonso XIII, pero al esplendor de sus negocios le sucedió la ceniza  y de su Xanadú particular solo queda hoy, frente a la playa de Ereaga, la ruina abandonada de lo que fueron las majestuosas Galerías de Punta Begoña, diseñadas por el arquitecto Ricardo Bastida en 1918:  un edificio emblemático desde donde el magnate vasco dominaba visualmente las minas de hierro de su propiedad y el mar por el que salían los barcos de su naviera.

Palacio Lezama-Leguizamón

El paseo continua subiendo por el Puerto Viejo de Algorta, pero antes os aconsejamos hacer una parada técnica en una de estas dos terrazas: la del hotel Embarcadero, con vistas a la playa de Las Arenas y a los palacetes de Neguri, o la del hotel Igeretxe, al pie de la playa de Ereaga. Ambas son perfectas para tomar un aperitivo.

El Puerto Viejo de Algorta se encuentra al final de la playa de Ereaga. Casas de pescadores, tabernas para degustar algún pintxo. Sus entrañables escalinatas son un asiento natural para tomar una caña al sol o, por qué no, un vaso de txakoli. 

Puerto Viejo de Algorta

Muy cerca del Puerto Viejo encontramos la playa de Arrigunaga, y allí una de las rutas más espectaculares que reserva al viajero esta parte del litoral vizcaíno: el paseo de los acantilados que lleva a La Galea. Por el camino,  el cementerio de Nuestra Señora del Carmen, lugar de descanso de algunos de los más grandes potentados de Vizcaya, que duermen el sueño eterno en sus majestuosos panteones,  y el Fuerte de la Galea o Castillo del Príncipe,  construcción militar levantada en el siglo XVIII para completar la defensa del Abra. Pero, aquí, la estrella es el paisaje; el mar, los acantilados… sencillamente, memorable.  

Acantilados de Punta Galea

Para terminar el día, no se nos ocurre un lugar mejor que El Molino, también del siglo XVIII, y la terraza de su restaurante de comida tradicional. Su famosa tortilla de patatas y la puesta de sol sobre El Abra son palabras mayores.

DE SOPELANA A BAKIO

Además de playas y olas, Sopelana tiene estupendos miradores donde disfrutar la  puesta del sol tomando una cervecita y espectaculares paseos sobre acantilados que llegan hasta Getxo, por un largo, y  a Barrika, por otro. A un paso de esta última quedan Plentzia y Gorliz.  Pero antes de lanzarnos otra vez a la carretera vale la pena acercarse a las tres playas de Barrika: Barrika, Meñakoz y Muriola. Tres arenales vigilados de cerca por acantilados de vértigo.

Vistas desde el Peñón de Sopelana

Plentzia es una de las playas tradicionales de los bilbaínos para pasar el verano, un pueblo con puerto que aún conserva su antiguo aire de viejo marinero. Hay que pasear por su casco histórico sin prisas y después uno puede cruzar a la playa de Gorliz, arenal que se une al de Plencia cuando baja la marea, con dunas petrificadas y acantilados por donde asoman los verdes campos  que recorren la costa.

Playa de Plentzia a la derecha y playa de Gorliz a la izquierda – Fotografía: Iñigo Escalante

De la misma playa de Gorliz sale un sendero que lleva monte arriba hasta el Faro de esta localidad, A sus pies, los búnkeres de Cabo Villano,  defensa militar construida por prisioneros republicanos al concluir la guerra civil, cuando la deriva de la Segunda Guerra Mundial hizo temer al régimen franquista una invasión de los aliados. Son los años que después recordaría Gil de Biedma en su Elegía y recuerdo de la canción francesa:

Hasta el aire de entonces parecía

que estuviera suspenso, como si preguntara,

y en las viejas taberna de barrio

los vencidos hablaban en voz baja…

Nosotros, los más jóvenes, como siempre esperábamos

algo definitivo y general.

Un poco más allá de Plentzia, a escasos cuatro kilómetros, está Armintza, con su delicioso barrio de pescadores. Y algo más lejos, a unos dieciséis kilómetros, por una carretera que sube y baja, tan repleta de curvas como bella, Bakio, rodeado de montes y acantilados, cuna del txakolí y punto caliente del surf vasco

Vista aérea de Arminza

SAN JUAN DE GAZTELUGATXE

Muy cerca de Bakio queda la hermosa ermita de San Pelayo, construida en el siglo XII y de estilo románico. Y apenas un kilómetro más adelante encontramos uno de los rincones más icónicos de la costa vasca: San Juan de Gaztelugatxe, el más bello remanso de paz en medio de la bravura de las olas. Su islita de roca, sus 241 escaleras y su pequeña ermita vigilando el Cantábrico componen una postal inolvidable. Claro que, para muchos, este prodigioso paraje de Vizcaya será siempre la mítica Rocadragón de Juego de Tronos, el lugar donde John Nieve se encontró cara a cara con Daenerys Targaryen.

San Juan de Gaztelugatxe

MUNDAKA

Hay quien piensa que Mundaka es el pueblo más bonito de la costa de Vizcaya. Y sin duda, es uno de los más evocadores y agradables de visitar. El puerto, de tamaño diminuto, angosto como un pozo; la iglesia de Santa María, grande y gris junto a la ría; el hermosísimo paisaje marino de verdes y azules imborrables… tienen un encanto que no se ve alterado ni siquiera por la lluvia.

Vista aérea de Mundaka

 “La barra”, como se llama a su mítica ola de izquierdas, es el hito principal de Mundaka.Y, por supuesto,  su “ mayor monumento”. Se puede ver  viviéndola desde dentro, es decir, surfeándola, o desde el mirador de la Atalaya, junto a la bella iglesia de Santa María. Pero Mundaka tiene un tesoro inesperado: la ermita de Santa Calina, una pequeña iglesia de transición entre el gótico y el renacimiento. Lo que más llama la atención es la armonía del templo con el paisaje.  

GERNIKA

Y llegamos a Guernica, ciudad de gran valor simbólico porque en ella se celebraban las Juntas del Señorío de Vizcaya a la sombra de un viejo roble que crecía junto a la ermita de Santa María la Antigua, el célebre árbol de Gernika. Hoy la primitiva ermita y el viejo roble medieval han desaparecido, pero en su lugar se levantan la Casa de Juntas y un templete circular que enmarca un nuevo roble, plantado para que no se pierdan las antiguas tradiciones. 

Fachada de la Casa de Juntas y tronco del “árbol viejo” (1742) de Gernika

Gernika es también la encarnación, en suelo peninsular, de los bombardeos salvajes a los que se acostumbró el mundo en el siglo XX. La pequeña villa vizcaína fue atacada indiscriminadamente por la Legión Cóndor al servicio de Franco el 26 de abril de 1937, un salvaje episodio en el que Picasso no sólo vio el horror de la guerra civil española,  sino el de todas las guerras. El famoso cuadro del pintor malagueño se exhibe en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Pero Gernika es mucho más que historia. Es su mercado, abarrotado de verduras y frutas que llevan los aldeanos de sus huertas. Y también el interesante Parque de los Pueblos de Europa, donde, entre árboles añosos, se exponen escultoras de Chillida, Henry Moore y otros artistas.  

Parque de los pueblos de Europa – Fotografía: Turismo Vasco

BOSQUE DE OMA Y CUEVAS DE SANTIMAMIÑE

Muy cerca de  Gernika encontramos la cueva de Santimamiñe, cueva que, a la belleza natural de su bosque de estalactitas y estalagmitas, suma unas pinturas rupestres que nos permiten viajar al 11.000 a.C. Ciervos, bisontes, caballos y osos decoran las frías paredes, recuerdo casi milagroso de la manera en que miraban el mundo los seres de la Prehistoria. La visita presencial no es posible, pero la cueva  cuenta con un Centro de Interpretación que nos permite recorrer su interior en 3D.

La experiencia vale la pena, sobre todo si se realiza con niños. Y después, a muy poca distancia, espera el bosque de altos pinos que Agustín Ibarrola dejó encantado en el minúsculo y hermosos valle de Oma. Un lugar único, completamente onírico, pintado por entero con colores y formas que sólo existen en los sueños. Ojos, olas, corazones, figuras antropomórficas y de animales. En ellas el bosque cobra vida. Por ellas los árboles te miran, se mueven, susurran, hablan.

Bosque de Oma – Fotografía: Ander Abadia Zallo

 CATILLO DE ARTEAGA

No lejos de Gernika, dominante y majestuoso sobre la ría,  se encuentra el castillo de Arteaga, capricho romántico de Eugenia de Montijo, aquella bella dama de ascendencia vizcaína que fue esposa de Napoleón III. La emperatriz lo levantó sobre los cimientos de una antigua fortaleza medieval y, sin duda, es el reflejo de una época y de un mundo ya desaparecido: el de la Francia del Segundo Imperio. 

Castillo de Arteaga

POR URDAIBAI HASTA LEKEITIO

Del castillo de Arteaga a las playas de Laida y Laga hay sólo un salto. Muy cerca el uno del  otro, ambos arenales se encuentran en plena Reserva de Urdaibai, separados de Mundaka por la ría. Su belleza salvaje no se puede describir, hay que verla. Desde ambas se divisan la isla de Ízaro, cuya imagen hizo célebre en los ochenta la distribuidora de cine Ízaro Films, y el cabo de Ogoño.

A la sombra, precisamente, del cabo de Ogoño, dormita Elantxobe, pequeña localidad marinera a la que se llega por una carretera repleta de curvas. El puerto, de rotundos espigones, parece construido para sostener las casas del pueblo, cuya disposición apretada y en cuesta forma una verdadera escalera hacia el mar.

Elantxobe – Fotografía: Antonio Ruiz

Hay que bajar hasta el puerto para tener la panorámica más bella de este singular pueblo. Y después subir sus empinadas rampas y, a través de verdes prados, salpicados de caseríos, seguir hasta Ogoño. La vista merece la pena, ya que desde allí vemos no sólo buena parte de la costa cantábrica, sino también la Reserva de Uradaibai y la entrada a la ría de Mundaka.   

Y por último, continuando por la carretera BI-638, Lekeitio, con su encantadora playa urbana, su puerto de larga tradición pesquera y esa isla de San Nicolás que en los siglos medievales se usó como colonia de leprosos. El mar, aquí, no tiene el ceño trágico  que muestra en los pueblos y cabos vecinos. Sí, Lequeitio, junto a la desembocadura del río y ría de Lea,  es más alegre, un lobo de mar, con dientes de lobo, pero con la rosa de los veraneos de Isabel II en la boca. 

Qué ver en Lekeitio

Aquí hay que visitar la iglesia gótica de Santa María, de estructura ágil y resuelta, casi presta a navegar por la ría y el mar. El retablo flamenco que guardan sus muros, con pasajes de la vida de la Virgen y de la Pasión, es una bellísima sorpresa. El palacio de Uriarte es otro de los recuerdos medievales que atesora  la villa.  Y claro, luego están los ecos de  los veraneos aristocráticos del siglo XIX y también palacios galantes de la nobleza local, como el de Zubieta, mansión señorial y melancólica escondida en una vuelta del brazo del mar.

Lekeitio y al fondo la iglesia gótica de Santa María

QUÉ COMER EN BIZKAIA

La gastronomía es una clara seña de identidad del País Vasco. No en vano, es uno de los paraísos gastronómicos de España. La oferta es infinita y la calidad de sus restaurantes tanta, que mencionarlos todos se antoja imposible. Ruta por la costa, la vianda, por excelencia, de nuestra propuesta es el pescado. Platos que unas veces matizan el sabor de la materia prima  y, otras, juegan con ácidos y picante (vinagre y guindilla). La merluza como reina absoluta: a la plancha, en salsa verde, rebozada, con cocochas y almejas. Claro, que la merluza sólo es el principio de una lista de excelentes pescados: besugo, bonito, anchoa, chirrión, angula, bacalao… No podemos olvidar los mariscos, con especial predilección por los centollos y percebes. Y por supuesto, las carnes rojas, con el chuletón de buey a la cabeza.

Bacalao a la vizcaína con tomate

DONDE APARCAR AUTOCARAVANA EN BILBAO CON AUTOCARAVANA

No lejos de Bilbao hay dos Áreas de Autocaravanas. Una en Zamudio, al lado del hotel Artea, con estación de tren y autobús a 300 metros. Y otra en el monte Kobeta, cerca de un restaurante-cervecería.

Bakio también cuenta con una Área de Autocaravana  y con un gran parking cerca de la playa. Varias opciones para pernoctar en Mundaka: el camping de Portuondo y el de Sukarrieta.  Cualquiera de los dos puede servir de base para terminar la ruta propuesta.